También los Niños se Estresan ¿Qué hacer?

Los adultos frecuentemente se lamentan, diciendo que están “estresados.” El primer paso para entender el rol que juega el estrés en tu vida es recordar que el estrés es una percepción. Esto quiere decir que los factores que para unas personas pueden ser estresantes puede que para otras no lo sean.

El timbre del teléfono, los portazos, el ruido del tráfico de autos el ruido de maquinarias pesadas trabajando en la calle, todos, puede ser factores de estrés que pueden influir de manera diferente de una persona a otra.

Cuando los factores de estrés se canalizan adecuadamente, pueden convertirse en el impulso que lo ayude obtener mejores resultados. Sin embargo, si no se canaliza adecuadamente, un factor de estrés puede crear el caos en su vida.

Los niños también se pueden estresar

Desafortunadamente, en rara ocasión pensamos que los niños también se pueden “estresar.” Los adultos con frecuencia perciben las reacciones de los niños que están bajo la influencia del estrés como un “problema de conducta.”

Tu podrías pensar que los niños que están “estresados” están teniendo una reacción exagerada, después de todo ellos no tienen ni las responsabilidades, ni las exigencias de un adulto.

Esta premisa es cierta, tenemos que pensar sobre los puntos de referencia de un niño, sus experiencias y conocimientos limitados. Tomando estos tales hechos en consideración necesitamos repensar cómo nosotros conceptualizamos, reaccionamos y respondemos a las experiencias diarias de los niños.

Irónicamente, los niños muestran signos de estrés que son mucho más visibles e identificables que en los mostrados por los adultos. Debido a la gran cantidad de adoctrinamiento y adaptaciones que tienen que realizar los adultos durante su vida, están mucho más acostumbrados a camuflar, negar, o hacer caso omiso a los signos visiblemente reveladores del estrés.

Razones por la cual los niños expresan sus angustias

Sin mencionar, que en muchas ocasiones la mayor parte del estrés que sufren los adultos es “auto-inducido.” Los niños expresan sus angustias y frustraciones a través del:

  • rechazo
  • oposición
  • resistencia
  • irritabilidad
  • mal genio
  • dificultad para dormirse o permanecer dormido
  • llanto excesivo, o llanto por lo más mínimo
  • golpes
  • dificultad para concentrarse
  • cambio los hábitos alimenticios
  • molestias estomacales
  • falta de disposición para participar en las actividades
  • terror nocturno
  • miedos
  • aprensión
  • falta de energía
  • desinterés por las actividades
  • etcétera…

A medida que lees está lista podrías reconocer que existen reacciones similares en los adultos que se encuentran estresados.

Necesitan de tu apoyo

Si bien no es una sorpresa, los niños necesitan de tu apoyo y orientación para cambiar sus reacciones ante algunos factores de estrés, replantear sus reacciones y procesarlo todo en el momento oportuno, ya sea un factor de estrés o simplemente una experiencia común que debe ser reprocesada.

Tu primera respuesta ante la reacción continua de tu hijo, sobre alguno de los comportamientos mencionados anteriormente, tiene que ser la comprensión. Evita que el regaño o la reprimenda sean la primera reacción o la primera respuesta a la conducta de tu hijo o hija.

A menudo esta conducta es la llamada de auxilio que está realizando el niño para llamar tu atención. Y una conducta enfocada en apoyar puede con frecuencia remediar la situación inmediatamente, el uso de los regaños sólo aumentará la reacción de tu hijo por el estrés, por lo tanto, agravarás la situación en lugar de mejorarla.

Si las reacciones de tu hijo persisten por más de un día, es imperativo que trates de descubrir qué es lo que lo está precipitando. Toma tu hijo y llévalo a una habitación donde pueda estar tranquilo y aislado sin interrupciones.

Comienza haciendo preguntas. Evita hacer preguntas el tipo ¿Qué te pasa?

Debes realizar preguntas que comiencen con: quién, que, cuándo, dónde, cómo. Nótese que la palabra “Por Qué” no estará lista. La palabra “Por Qué” puede parecer se está realizando un interrogatorio y si evitas utilizarla, harás que tu hijo se sienta más seguro para expresar sus sentimientos y pensamientos.

Evalúa el nivel de trabajo o de juego de tu hijo

Si existe algún tipo de exceso en sus actividades, juegos, deportes, videojuegos, televisión, violencia en la tv o en las películas o cualquier otra actividad altamente estimulante. Verifica si está durmiendo lo suficiente, si está recibiendo una nutrición adecuada, ejercicios o tiempo libre. Prueba si ha habido algún cambio el entorno familiar o en la dinámica de la relación familiar.

En la mente de los niños es necesario crear un sentido de equilibrio para su mundo, ellos pueden depender de este sentido para organizar su vida. Es cambios bruscos en ese equilibrio generan estrés.

Por último, pero no por eso menos importante, debes ser el ejemplo para tu hijo de cómo llevar una vida balanceada entre el juego y el trabajo. No es tarea fácil en el agitado mundo de hoy, pero como dije anteriormente la mayoría del fenómeno del estrés es “auto inducido.”

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